“Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7)

 ¿Qué son las obras de misericordia?

 

“Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios”. Catecismo de la Iglesia Católica, 2447.

 

¿Cuáles son las obras de misericordia?

 

Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales.

 

Obras de misericordia corporales:

 

1) Visitar a los enfermos.

2) Dar de comer al hambriento.

3) Dar de beber al sediento.

4) Dar posada al peregrino.

5) Vestir al desnudo.

6) Visitar a los presos.

7) Enterrar a los difuntos

 

Obras de misericordia espirituales: 

 

1) Enseñar al que no sabe.

2) Dar buen consejo al que lo necesita.

3) Corregir al que se equivoca.

4) Perdonar al que nos ofende.

5) Consolar al triste.

6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

 

Las obras de misericordia corporales: breve explicación

 

San Mateo recoge la narración del Juicio Final del modo siguiente «Los justos le contestarán entonces: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? … Y el rey les dirá: “Os aseguro que, cuando lo hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,31-16).

 

 

1) Dar de comer al hambriento y 2) dar de beber al sediento. Jesús, según recoge el evangelio de san Lucas recomienda: «El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo» (Lc 3, 11).

 

3) Dar posada al peregrino. En la antigüedad dar posada a los viajeros era un asunto de vida o muerte, por lo complicado y arriesgado de las travesías. Hoy existen otros peregrinos que llaman a nuestras puertas.

 

4) Vestir al desnudo. En la carta de Santiago se nos anima a ser generosos: «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos o hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (St 2, 15-16).

 

5) Visitar al enfermo. El mejor ejemplo de la Sagrada Escritura es el de la Parábola del Buen Samaritano, que curó al herido. (ver Lc. 10, 30-37).

 

6) Visitar a los encarcelados. Consiste en visitar a los presos y prestarles no sólo ayuda material sino una asistencia espiritual.

 

7) Enterrar a los difuntos. Cristo no tenía lugar sobre el que reposar. Un amigo, José de Arimatea, le cedió su tumba. Pero no sólo eso, sino que tuvo valor para presentarse ante Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. También participó Nicodemo, quien ayudó a sepultarlo. (Jn. 19, 38-42).

 

Las obras de misericordia espirituales: breve explicación

 

1) Enseñar al que no sabe. Consiste en enseñar al ignorante en cualquier materia: también sobre temas religiosos. Como dice el libro de Daniel, “los que enseñan la justicia a la multitud, brillarán como las estrellas a perpetua eternidad” (Dan. 12, 3b).

 

2) Dar buen consejo al que lo necesita. Uno de los dones del Espíritu Santo es el don de consejo. Por ello, quien pretenda dar un buen consejo debe, primeramente, estar en sintonía con Dios, ya que no se trata de dar opiniones personales, sino de aconsejar bien al necesitado de guía.

 

3) Corregir al que se equivoca. “Si tu hermano peca, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano”. (Mt. 19, 15-17). Dice el apóstol Santiago al final de su carta: “el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados” (5, 20).

 

4) Perdonar las injurias. “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", y el mismo Señor aclara: “si perdonáis las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial os perdonará. En cambio, si no perdonáis las ofensas de los hombres, tampoco el Padre os perdonará a vosotros” (Mt. 6, 14-15).

 

5) Consolar al triste. Un ejemplo viene recogido en el evangelio de Lucas. Se trata de la resurrección del hijo de la viuda de Naím: “al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores”.

 

6) Sufrir con paciencia los defectos de los demás. La paciencia ante los defectos ajenos es virtud y es una obra de misericordia.

 

 

7) Orar por vivos y difuntos. Los difuntos que están en el Purgatorio dependen de nuestras oraciones. Es una buena obra rezar por éstos para que sean libres de sus pecados. (Ver 2 Mac. 12, 46).